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i närheten av Piñeres, Cantabria (España)

De las entrañas del desfiladero de La Hermida parte un antiguo camino que, antaño transitado de continuo, hoy es la excusa perfecta para adentrarse en la historia de nuestra tierruca. A 3 kilómetros de La Hermida y antes de llegar a Lebeña, encontraremos un refugio de pescadores tallado en la roca y, unos metros más allá, una caseta con un pequeño aparcamiento donde dejaremos el coche.

Tendremos que retroceder casi un kilómetro por la carretera, en dirección norte, para encontrar el barranco del Navedo, En este punto, junto a un gran panel indicador, comenzaremos la ruta en clara pendiente ascendente.

El caminuco está bien marcado y, de vez en cuando, encontraremos marcas de senderos menos trillados pero que, si los seguimos, en algunos casos nos acercarán a bonitas cascadas y otros sitios de interés. Hay que tener cuidado: si nos fijamos bien, observaremos que el cauce del río Navedo está preparado para la práctica del barranquismo, con reuniones montadas y algunos tramos de cuerda fija. Por tanto, conviene no acercarse demasiado a las zonas de toboganes o saltar por las piedras, ya que muchas están cubiertas de musgo.

Conforme vamos subiendo, entraremos en un bosque repleto de castaños. Se trata de una zona de gran interés tanto por su flora como por su fauna ya que forma parte tanto de la ZEPA de Liébana como del ZEC del río Deva. Además, tiene un gran valor etnográfico, ya que por su interior discurre el camino que seguimos y que ha constituído, desde épocas medievales, la única vía de contacto entre los pueblos apostados en el macizo de Peñarrubia y los enclavados en la sierra de Peña Sagra. Caminando entre la hojarasca, encontraremos vestigios del uso sostenible que desde antiguo ha soportado el bosque. Entre ellos, destacan los podones, castaños trasmochados con técnicas tradicionales para conseguir que dieran más frutos; y los carriles, construcciones de piedra utilizadas para recoger las castañas caídas y protegerlas para que los animales no las pudieran comer.

En nuestro paseo, podremos observar entre las frondosas ramas algunos de los pueblos de la zona como Piñares o Navedo. Más adelante, llegaremos a una carretera que sube desde cuatro caminos, en Piñeres, hasta el Mirador de Jozarcu, hacia donde nos dirigimos. Seguiremos subiendo para, desde él, contemplar una de las mejores (y más asequibles) vistas del Desfiladero.

Después de las fotos de rigor y el ansiado tentempié, retrocederemos en busca de la Ermita de Catalina, entre Piñeres y Ciciera. Para ello, descenderemos por el camino asfaltado durante algo más de 1 kilómetro y medio. Es bastante necesario reflexionar sobre cómo la fuerza de las tradiciones religiosas y el poco cuidado y arraigo que tenemos los foráneos han conseguido reemplazar el nombre que, desde tiempos inmemoriales, ha designado al monte Jozarcu y, por tanto, a su mirador, por el de Santa Catalina, totalmente artificial. De esta manera, se desplazan las tradiciones oriundas de estos pueblos por la estandarización e imposición cristiana. Lo dicho, para reflexionar.

Continuaremos desde la Ermita hacia Cicera por la carretera; primero en dirección este, luego sur. Nos adentraremos en un bonito pueblo en el que destaca la arquitectura típica de la zona: grandes casas montañesas de sillería y amplias solanas de madera para aprovechar la luz del astro. Tras pasear por sus estrechas calles seguiremos la señalización del Camino de Santiago Lebaniego, que baja en busca de Lebeña. Nos sacará del pueblo por la Riega Cicera hasta un desvío bien señalizado. Allí abandonaremos el Camino Lebaniego y seguiremos la ruta de las Agüeras que se irá encajonando entre los imponentes muros de piedra caliza tan característicos de la zona.

Ya solo nos quedará disfrutar del paseo, del sonido de la riega y del canto de los pájaros para dejarnos llevar hasta el desfiladero de la Hermida.

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