Koordinater 500

Uploaded den 30 mars 2015

Recorded mars 2015

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337 m
104 m
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7,0
13,9 km

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i närheten av Reboreda, Galicia (España)

Completamos nuestro recorrido por el GR-58 Sendeiro das Greas, con esta caminata desde Reboreda (Redondela) hasta el castillo Soutomaior, con visita final al Monte da Peneda en O Viso. Comenzamos en el punto kilométrico 3 de la carretera PO-250, entre Redondela y Pazos de Borbén, dónde la cruza nuestro sendero.

Abandonamos esta carretera por un camino que se introduce en un bosque de pinos y eucaliptos, pasamos junto a unas arquetas y una caseta de la traída de aguas de Ventosela y tras un kilómetro de marcha, llegamos al río Alvedosa que cruzamos por el puente de San Garrido, constrtuido con losas de piedra. Cien metros después al alcanzar un cruce, realizamos un brusco giro a la derecha y seguimos caminando por una pista de tierra que nos lleva hasta las primeras casas de San Martiño de Ventosela, en el lugar de A Carosa.
Después de una ligera subida por un trecho asfaltado y al poco de dejar las últimas casas de Ventosela, tomamos un camino a la izquierda por una pequeña rampa de hormigón para introducirnos en una zona arbolada. Al salir del bosque el sendero sigue en ligero ascenso por caminos y pistas forestales desde las que tenemos una buena vista de la Ría de Vigo, con las islas Cíes al fondo y la ensenada e isla de San Simón en primer término.

Mas adelante encontramos un cartel a nuestra izquierda que indica "Pedras Agudas", bajo las que existen una cavernas, a decir de los vecinos de esta zona. Un likómetro después llegamos al Alto de Laxial (426 m.), dejando a nuestra izquierda la torreta de alta tensión con el número 422. En este cruce, con el monte de A Peneda a la izquierda, dejamos el concello de Tedondela para entrar en el de Soutomaior.
Seiscientos metros después, en una fuerte curva de la pista, tomamos un estrecho camino que arranca a nuestra derecha. Más adelante, el sendero cruza un cortafuegos y el trazado del gasoducto, seguimos el camino que discurre por la ladera del Monte Espiñeiro. A nuestra izquierda destaca el monte de A Peneda con la capilla de la Virgen de las Nieves en su cima.

Con buenas vistas sobre el valle del Verdugo, alcanzamos las primeras casas del barrio de Moreira. Aquí disfrutamos de un extraordinario paisaje rural minifundista, típico de la zona, donde se alterna la vivienda residencial y la rural entre terrenos de minifundio.

El sendero discurre ahora por una pista asfaltada, entre fincas de labradío, hasta alcanzar la parte trasera del castillo de Soutomaior. Descendemos por un camino encajonado que bordea el muro de los terrenos del castillo a nuestra izquierda y fincas en terrazas a nuestra derecha y que nos lleva a la entrada principal de la fortaleza, donde completamos nuestro recorrido por el Sendeiro das Greas.

Finalizamos esta jornada siguiendo por la carretera que nos lleva hasta el Monte da Peneda, en O Viso, una hermosa atalaya cargada de historia, leyendas y tradiciones.
Borg

Castillo de Soutomaior

La ausencia de documentación en cuanto a la existencia del castillo y sus elementos arquitectónicos impide saber su datación cronológica. La fortaleza se fue construyendo a lo largo del tiempo, a medida que surgían las necesidades de este tipo de edificaciones y se tenía que perfeccionar. La primera etapa del castillo arranca en la Edad Media y, aunque nada se sabe a ciencia cierta, todo indica que fue en los últimos cien años de esta época. Que haya pertenecido a la casa de Sotomayor hizo que desempeñara un papel importante en acontecimientos transcendentales en la historia de Galicia. Pedro Álvarez de Sotomayor, conocido como Pedro Madruga, fue el personaje más destacado de esta familia, con el que logró la mayor cota de poder y, en consecuencia, la renovación del castillo. Del protagonismo ejercido durante las contiendas bélicas el castillo pasa a su segunda etapa, en la que cobra un carácter residencial y de administración del señorío. Durante la Edad Moderna seguirá siendo propiedad de la familia que le dio origen pero poco a poco empieza el declive debido a sus disputas internas. A finales del siglo XVIII Benito Fernando Correa, tras largos pleitos, se queda definitivamente con el castillo, en el que efectúa algunos cambios, como la sustitución del escudo de armas de la puerta principal por el suyo propio. En la tercera etapa el Castillo de Soutomaior se convierte en estancia de verano de los marqueses de la Vega de Armijo, que, tras las obras de restauración llevadas a cabo, convierten la fría fortaleza en una acogedora casa residencial. De esta época son la capilla y la actuación sobre el parque con la plantación de diversos árboles que aún hoy se conservan. Los herederos de los marqueses mantienen el interés por la fortaleza y llegan a construir un sanatorio en las inmediaciones, pero a principios del siglo XX pierden el castillo por motivos políticos. Éste sale a subasta en 1917, lo que lleva a su decadencia y abandono hasta que finalmente en 1982 lo adquiere la Diputación de Pontevedra, tras varias ventas anteriores y el deterioro de sus instalaciones. La finca del Castillo de Soutomaior tiene 25 hectáreas de terreno, que, a lo largo de su historia, se fueron destinando a diferentes usos. El origen del parque y de los jardines arranca a finales del siglo XIX, cuando sus propietarios, los marqueses de la Vega y Armijo, deciden transformarlo en una casa de veraneo. Tras la compra del castillo, la Diputación de Pontevedra lleva a cabo la rehabilitación de las edificaciones del parque e e impulsa el desarrollo y cultivo de la camelia, incorporando al jardín, que ya contaba con 19 ejemplares de camelia japónica, de los más antiguos de Galicia, nuevos ejemplares adquiridos en viveros gallegos y extranjeros, Francia, Inglaterra, California y Nueva Zelanda, o procedentes de diversas donaciones hechas por particulares y se añaden cultivos de especial interés por su singularidad, dando lugar a una importante colección con unas 500 camelias, de las cuales 230 están en la finca del castillo. En abril del 2012 el jardín del Castillo de Soutomaior se convierte en el primero de España y el séptimo de Europa en ser reconocido como Jardín de Excelencia Internacional por la Sociedad Internacional de la Camelia.
Waypoint

Cruce PO-250

El GR 58, Sendero das Greas y el GR 94, Sendeiro Rural de Galicia, cruzan en este punto a carretera PO´250, entre Redondela y Pozos de Borbén. Aquí finaliza el tramo 25 del Sendero das Greas y comienza el tramo 26
Sacred architecture

Iglesia Santa María do Viso

La iglesia, con fachada barroca, de Santa María do Viso, en la aldea Saramagoso (Redondela), a escasos metros de la carretera que une esta aldea con Arcade, y por donde pasaba la vía romana XIX, fue construída en 1710, sobre las ruinas de un templo preexistente consagrado también a la Virgen María. En el atrio de la iglesia, acondicionado con un jardín en el que destacan abetos, un olivo, acebos, tejos y cedros, se encuentran abundantes restos de la iglesia antigua. Esta iglesia antigua tiene el honor de aparecer citada en un documento también muy antiguo, del siglo VI, llamado Parrochiale Suevorum o Códice de Teodomiro. Este documento, único en su género, enumera las parroquias de las diócesis del reino de los suevos y, en la diócesis tudense (de Tui, al sur del río Verdugo), consta la iglesia de Toruca, que no es otra que esta. Este era el nombre del lugar de O Viso en aquella época. Además de ello, la cantiga 352 de Alfonso X el sabio, del siglo XIII, está dedicada a un milagro de Santa María de O Viso, que curó al azor herido de un caballero. Es posible que en la época del imperio romano, siglos II al V d.C., estuviera aquí la Mansio Turoqua del itinerario Antonino. Hay cinco columnas, que pudieran ser romanas, sosteniendo el pórtico de la casa parroquial. Asimismo en el patio hay un poste que habría que comprobar si es un miliario romano que señalaba su ubicación, entre las mansiones Burbida (Vigo) y Aquis Celenis (Caldas de Reis), sobre la vía XIX del citado itinerario. El lugar donde está situada la iglesia dista 30 m del lugar por donde discurría la citada vía romana y a 500 metros escasos del monte de A Peneda. La Mansio era un lugar de parada oficial en una vía romana. La casa rectoral que está al lado es de planta rectangular, cubierta a dos aguas, con dos pisos y un acceso principal mediante escalera central dividida en dos tramos. Cinco columnas, tal vez procedentes de la Mansio romana sostienen el pórtico. El insólito miliario, o mojón, está a la izquierda. En el entorno de la finca podemos encontrar una pila bautismal de gran tamaño, restos de un púlpito, un reloj de sol “en escocia”, bases de columna y capitel muy antiguos y lápidas mortuorias (siglo XIX). Hay muchas, en el muro de la casa rectoral, y en el cementerio, que está enfrente. Una de ellas representa un motivo muy frecuente en estas lápidas, que es la hoja de saramago, planta muy abundante en la zona, que da nombre a la aldea Saramagoso, como se conoce a esta zona de O Viso.
utsikt

Monte da Peneda

A Peneda es un monte situado en la parroquia de O Viso, en el límite entre Redondela y Soutomaior. A pesar de no tener una cota demasiado elevada (327 m.), ofrece unas vistas absolutamente increibles. Desde allí se puede ver practicamente toda la ría de Vigo, con las Islas Cíes al fondo, el puente de Rande, la ensenada de San Simón con su isla y Arcade. Al este se divisa todo el valle del Verdugo que se adentra en los montes de A Serra do Suído. En dirección contraria al mar se divisa también el histórico castillo de Soutomaior que se encuentra a sólo 2 km. del lugar. En la cima de este pico, encontramos la capilla dedicada a la Virgen de las Nieves, del siglo XVIII, construída sobre los cimientos del castillo de Castrizán, que edificó en el año 1477 el Arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, para cercar el vecino castillo de Soutomaior y así vigilar a Pedro Madruga, una de las figuras más sobresalientes del medievo gallego y prototipo del caballero feudal, que no era partidario de los reyes católicos y apoyaba a Urraca y a los portugueses. Sin embargo, Pedro Madruga conquistó y destruyó este castillo que poseía una torre de tres plantas en tan sólo dos años. Delante del templo hay un expectacular crucero de unos tres metros de altura, realizado entre 1915 y 1920 por Casimiro Ogando Cal e Ignacio Garcia. En su base tiene una bonita calavera sobre dos tibias cruzadas que impresiona por su realismo. Antiguamente este lugar era un castro, cuyo origen podría remontarse a mediados del s. I a.C. y del que aún se conservan restos de su muro exterior y de casas circulares, aunque están sin señalizar y cubiertos de maleza. Son muy numerosos los objetos que se encontraron esparcidos en su contorno, reunidos primeramente en la colección de Don José Solla y depositados actualmente en el Museo de Pontevedra. Destacamos: hachas pulimentadas; percusores esferoides; cuchillos de bronce con lengüeta ancha; aguja de bronce; alfiler de bronce con cabeza enrollada; restos numerosos de ánforas; monedas romanas; cerámica castreña; caldero de bronce; tres hachas de bronce de dos anillas; dos hachas de bronce con una anilla; molinos circulares y naviculares; hebilla de bronce y pinzas de depilar también del mismo metal; cerámica pintada romana... Hay que destacar también la existencia de una mina o un tunel excavado en la roca, de unos doce metros de profundidad, que se supone que era para abastecer de agua a la población del castro. Hay quién asegura que era una mina excavada por los romanos. Su entrada presenta grandes sillares para sostener la parte superior y el fondo está labrado en la propia roca. No escapa a las viejas leyendas sobre “Os Mouros”, una raza mitológica gallega que ocultaba sus tesoros en cuevas.
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Puente de San Garrido

Las piedras del puente de San Garrido tienen la nobleza de otros tiempos. Unos tiempos en los que este camino que cruza el río Alvedosa era recorrido por carros cargados de tojo, por el tráfico de labranza, por arrieros que acarreaban barriles de vino y por cansados burros fariñeiros. La desaparición de estas actividades facilitó el crecimiento de vegetación de ribera que hoy cubre en parte las losas del puente. Aguas abajo también los molinos perviven como testigos de otra época, A la sazón, las gentes vivían en una estrecha relación con la naturaleza, dependiendo de las lluvias para asegurar el mantenimiento y del caudal de los ríos para extraer el fruto precioso de la molienda.

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