Tid  2 timmar 25 minuter

Koordinater 1529

Uploaded den 2 september 2019

Recorded september 2019

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i närheten av Labeaga, Navarra (España)

El Castillo de San Esteban de Deyo o de Monjardín (Mons Garzin, el monte de Garcés) como es más conocido en la actualidad, es una antigua fortaleza de gran importancia militar que se alza en una escarpado roquedo a 894 metros de altura. Su amplia panorámica hacia los cuatro puntos cardinales, hacen de ella un mirador excepcional. Es considerado, por muchos como el balcón de Navarra por excelencia, ya que desde su techumbre se pueden llegar observar más de sesenta municipios, de ahí su gran valor estratégico.
El castillo, a punto de ser borrado por la hojarasca, se extiende por las tierras rojizas del valle de Santesteban de la Solana, donde se encuentra la localidad de Villamayor de Monjardín, que hasta principios de este siglo fue conocida como Villamayor de Santesteban o de Deyo y que en la actualidad da su nombre a tan emblemático enclave.
La comarca debió de ser romanizada hacia el siglo IV y hay constancia documental de su denominación latina con el nombre de Degium.
El municipio romano de Deyo abarcaba desde las estribaciones de la sierra de Urbasa hasta Montejurra, pasando por el curso medio del río Ega. Es a partir del siglo IX cuando la historia del monte que guarda a Villamayor empieza a mezclarse con la leyenda. Dicen las crónicas que los robustos muros de sillería del castillo de Monjardín fueron bastión morisco, gobernado principalmente por los Banu Qasi de Tudela, familia visigoda convertida al islam y emparentada directamente con el primer Rey de Pamplona Iñigo Arista, ya que la madre de este, Oneca, se casó con Musa ibn Fortún tras la muerte de su marido y, por este motivo, fue medio hermano de Musa ibn Musa que rigió en la fortaleza, hasta que fue desbancado en el año 908 por Sancho Garcés, tras una atroz batalla. Entre sus muros existen varias leyendas como la del enterramiento del citado monarca pamplonés al igual que la de su hijo, García Sánchez I aunque sus feretros, nunca han sido encontrados.Todavía más legendaria, según la crónica de Turpin, fue la victoria que Carlomagno, tras el asedio de Pamplona, obtuvo en el Mons Garzin frente a un insurgente caudillo navarro llamado Furro. El tal Furro, antes que rendirse al emperador, prefirió aliarse con el mismo diablo sarraceno y no cedió la plaza hasta que el campo de batalla quedó bañado por la sangre de tres mil musulmanes y navarros, incluida la suya misma.
Durante la conquista del Reyno, por parte de los Castellanos, Deyo tomó partido a favor de los Agramonteses, que a toda costa intentaron impedir semejante afrenta contra los banderizos de Beaumont. Monjardín fue una de las contadas plazas militares que se aprestaron en 1512 a resistir la imparable avanzada que el duque de Alba había iniciado en Salvatierra de Alava. Sin embargo, el Duque, comandante de una tropa de 15.000 hombres, no quiso hacer a los defensores el favor de desviarse de su camino para reducirlos. Con clara visión estratégica, y pensando sobre todo en su próximo dominio político, el de Alba dejó de lado Monjardín, pasando de largo para continuar su paseo triunfal hacia la capital Navarra, donde entró pocos días después para empezar a firmar decretos.
Con el Duque de Alba ya instalado en Pamplona, Monjardín y varios Señoríos del extinto Reyno pasaron a dominio del Conde de Lerín, fiel aliado de este, por lo que el baluarte fortificado, se salvó de las demoliciones de castillos ordenadas en 1516 y 1521 por el cardenal Cisneros.
A posteriori y tras un enlace matrimonial entre familias, la fortaleza pasó a ser propiedad de la casa de Alba y aunque se salvará en primera instancia de la quema, el castillo no pudo resistir el abandono de siglos venideros.
Cuando en las nuevas contiendas civiles del siglo pasado los carlistas escogieron la mole de Montejurra como montaña totémica, no olvidaron cubrir el flanco de Monjardín. Para ello debieron de rehacer como pudieron la fortificación aunque las fuerzas allí atrincheradas esperaron en balde al enemigo, que al igual que el Duque de Alba eligió otros objetivos militares de mayor consideración, para batallar.
Carlos VII, después de pronunciar su célebre e incumplida promesa de volver, honró a Atilano Fernández Negrete, coronel de su tropa, con el título de conde de Monjardín.
En la cumbre del monte, entre las ruinas y la maleza creciente, se sostiene todavía hoy la ermita de San Esteban de Deyo o de la Santa Cruz de Monjardín, erigida a finales del siglo XVI y reformada con posterioridad. La cruz, guardada en la iglesia de Villamayor y que antiguamente estaba custodiada en la citada ermita, es una valiosa pieza de la orfebrería románica navarra.
Tras conocer su importante valor histórico y su ubicacion, nos ceñiremos al track y para ello deberemos desplazarnos hasta la pequeña localidad de Labeaga, perteneciente al municipio de Igúzquiza en la Merindad de Estella.
Una vez estacionado nuestro medio de transporte en la parte más alta del pueblo y tras habernos aprovisionado de agua en una cercana fuente, emprenderemos el camino hacia el, ya, visible Castillo de Monjardín, avanzando por la maltrecha carretera que marcha en dirección a la aislada y próxima Iglesia de San Germán y San Servando.
Rebasado el recinto religioso, el camino se adentrará por una polvorienta pista que en direccion S, irá ascendiendo, ligeramente, hacia nuestro objetivo.
Al cabo de unos cien metros, nos toparemos con un cruce de caminos y es aquí donde deberemos elegir el itinerario a seguir, puesto que existen dos opciones para ganar la cima de Monjardín.
Para acometer el primero de ellos, deberíamos tomar el desvío que se abrirá a nuestro derecha de la marcha y que asciende hasta el castillo por las míticas Pilas de San Salvador.
El segundo de ellos y opción por la que optaremos en este track, reservando el anterior para la vuelta, continúa de frente adentrándose, por breves instantes, en un campo de cultivo donde enlazaremos con un desdibujado y cerrado sendero que sube por la arbolada falda de la montaña, haciendo de la ascensión algo más interesante y vistosa puesto que nos ahorrará varias lazadas de pista.
Superado este sendero y muy a nuestro pesar, conectaremos con la clásica pista de ascenso que sube serpenteando hacia la cúspide.
El camino desde este punto, es más que evidente, por lo que tan solo deberemos avanzar por el empedrado firme, disfrutando de las impresionantes vistas que, en ocasiones, los claros del bosque nos dejarán contemplar.
Una vez ganado el lomo somital y con el descomunal roquedo amurallado, donde se asienta el Castillo de Monjardín, podremos imaginarnos las dificultades que tuvo que pasar nuestro Rey Sancho Garcés para conquistarlo.
Por lo que tengo entendido y tras haber leído, con posterioridad, alguna que otra reseña, la fortificación suele estar cerrada al publicó y para poder visitar su interior, hay que pedir las llaves en un bar de Villamayor de Monjardín. En esta ocasión, se han debido alinear los astros a mi favor, puesto que el baluarte defensivo se encontraba abierto de par en par, permitiendome visualizar este pequeño pedazo de historia.
El castillo, que se asemeja a la proa de un barco, conserva buena parte de las murallas que rodean el recinto, la esbelta torre de planta cuadrada, la Ermita de la Santa Cruz y un
aljibe abovedado, vestigio de su pasado romano.
Visitados todos sus recovecos y tras haber inmortalizado sus increíbles vistas, emprenderemos la vuelta hacia Labeaga por el, anteriormente citado, camino de las Pilas de San Salvador.
El descenso, no entraña ningún tipo de dificultad para su seguimiento, ya que en su mayor parte y salvo en un par de excepciones, que acortaremos el camino por terreno boscoso, se realiza por una pista que en dirección E, baja zigzagueando la sierra de Monjardín.
Destacar durante el descenso las Pilas de San Salvador, la cuales poseén una curiosa particularidad, ya que se componen de una sucesión de piedras alineadas donde el agua, a lo largo de sus más o menos diez metros de longitud, va descendiendo originando un pequeño efecto cascada.
A escasos metros de estas, también podremos contemplar una espectacular fisura que se desprende de un rocoso promontorio, desconozco tanto el nombre como su orígen, pero el tajo en la roca es digno de admiración.
Para poner fin a esta interesante excursión, continuaremos avanzando, plácidamente, por la pedregosa pista, que en poco más de un kilómetro, nos devolverá al punto de partida.
Ruta altamente recomendable para realizar en familia ya que aparte de su fácil accesibilidad y de sus inmejorables vistas, su gran valor histórico, hacen de este enclave un lugar que todo senderista debería conocer.
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Aljibe

Sacred architecture

Ermita de la Santa Cruz

geocach

Fisura

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Fuente

Ruin

Castillo de Monjardín

parkering

Parking

Sacred architecture

Parroquia de San German y San Servando

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Pilas de San Salvador 1

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Pilas de San Salvador 2

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